El día de hoy estoy lanzando un mini EP de dos canciones llamado “Des-aprendiendo a ver”, y me gustaría explicarles por qué elegimos este nombre.
Los últimos años he estado más consciente de una realidad, y es que con todo lo que ha estado pasando en el mundo —los vaivenes, las agendas, la situación de los migrantes, otros grupos marginados, y cómo algunas personas que siguen a Jesús apoyan causas que separan— a veces parece que, aunque todos vivimos en el mismo planeta, en realidad habitamos mundos distintos.
¿Por qué, si decimos creer en lo mismo, terminamos habitando realidades totalmente diferentes?
La realidad es que muchas veces no vemos las cosas como son, sino como somos. Nuestra mente filtra lo real a través de nuestros prejuicios, heridas, miedos y creencias aprendidas, y esto provoca que nuestras opiniones, juicios e interpretaciones estén ligados con hilos invisibles a todo lo que hemos vivido a lo largo de nuestras vidas. En psicología, a esto se le llama “sesgos cognitivos”, y no quiero ahondar mucho en ellos, pero aquí hay algunos que me parecieron muy interesantes.
Tenemos los sesgos de confirmación, que son estos filtros mentales que nos hacen ver solo lo que valida lo que ya creemos. Solo vemos, solo escuchamos y solo creemos aquello que reafirma nuestras ideas previas o nuestras interpretaciones. Y al hacerlo, no dejamos espacio para lo nuevo.
Otro sesgo cognitivo que me pareció interesante es el sesgo de autoridad. El sesgo de autoridad es ese filtro que nos hace creer que algo es verdad solo porque lo dice una figura de poder.
Otro sesgo es el sesgo del dinero. Nuestro cerebro está condicionado para ver dentro del marco de nuestra economía. Solo vemos lo que nos ayuda a ganar dinero, y es muy difícil percibir cualquier cosa que interfiera con nuestra forma de ganarnos la vida.
Otro sesgo es el pensamiento de grupo, cuando adaptamos nuestras opiniones solo para pertenecer o para no ser rechazados.
Esos solo son algunos ejemplos, pero creo que es importante mencionar que estos sesgos cognitivos, o “filtros del ego” en lenguaje espiritual, no son malos en sí mismos. Más bien, son mecanismos naturales de nuestra mente y cumplen con la tarea de protegernos; en otras palabras, son mecanismos de defensa.
Y no solo los sesgos son filtros: nuestras emociones, experiencias pasadas, hábitos y creencias profundas también colorean la forma en que percibimos la realidad.
El problema es cuando no somos conscientes de nuestros sesgos, cuando no nos damos cuenta de que todo lo que vemos pasa por un filtro, muchas veces un filtro muy oscuro. Es la naturaleza humana: no podemos ver la realidad en su totalidad. Como dijo el apóstol Pablo: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.”
El espejo oscuro es nuestra conciencia nublada que empaña nuestra visión y nos impide ver quienes somos en realidad y de dónde venimos. Este espejo oscuro nos impide ver en su totalidad nuestro primer rostro, nos impide ver el cielo aquí en la tierra , y por lo tanto nos impide ver a Dios. Afortunadamente Pablo también nos da esperanza diciéndonos que es posible que este espejo se limpie poco a poco, que nuestra visión se aclare y que podamos ver por lo menos un poco más claro lo que es real.
Esto me hace pensar: hace poco más de un año, mi esposa y yo fuimos a visitar a mis suegros a Colombia, y decidimos hacer un viaje a un pueblo llamado Villa de Leyva, a unas 3 horas de Bogotá. Mientras íbamos en camino de regreso, nos detuvimos en un puesto de duraznos a la orilla de la carretera, donde compramos los duraznos más grandes y jugosos que he comido en toda mi vida. En ese momento, mientras viajábamos por la carretera, viendo los impresionantes paisajes de Colombia, comiendo estos duraznos tan deliciosos, viendo a mi esposa y a mis suegros disfrutar sus duraznos, me di cuenta de que había algo más, algo que no puedo nombrar pero sé que había algo más. Creo que en ese pequeño momento vi las cosassin filtro; en ese momento vi cómo el cielo invadió la tierra, un momento que parece tan insignificante pero tan sagrado a la vez. Y creo que la vida está llena de estos momentos sagrados que están pasando todo el tiempo, y el trabajo espiritual y personal de todos nosotros es aprender a limpiar poco a poco los lentes a través de los cuales percibimos la realidad. El trabajo espiritual de todos es aprender a silenciar un poco el ruido que no nos permite escuchar. no para salirnos del mundo como algunos sugieren, sino para meternos más profundamente en él.
La canción “En el fondo de mis ojos” nace de esta misma intención: escribir sobre mi esposa y sobre lo que descubro al mirar más allá de lo evidente, más allá de las capas, para percibir su esencia. Es un recordatorio de que uno de los mejores regalos que tenemos como seres humanos es redescubrirnos unos a otros, y redescubrirnos a nosotros mismos.
La canción “Mírame” es un llamado a abrir los ojos y el corazón, a ver a Dios en lo cotidiano, en la naturaleza, pero sobre todo, en quienes han sido olvidados, abandonados o marginados. Trata de dejar de lado etiquetas, prejuicios, agendas y certezas, y permitirnos que la realidad nos hable, que nos mueva y nos invite a actuar con un propósito.
Es por eso que decidí llamarle a este EP “(Des)-aprendiendo a ver”, porque el proceso para mi fue de desaprender los filtros que me impedían ver con claridad, y así abrirme a la posibilidad de percibir esos momentos pequeños y sagrados de la vida que están en TODAS PARTES.
A percibir la realidad desnuda.
