El pensador francés René Girard observa que los humanos no deseamos algo por nosotros mismos. Lo deseamos porque alguien más lo deseó primero. Lo imitamos sin darnos cuenta, lo que inevitablemente desata una rivalidad. Muchas veces en los grupos religiosos esta dinámica hace su objeto de deseo la superioridad espiritual. Se compite por ver quién tiene la razón absoluta, quién es el mejor cristiano, el más santo o el más cercano a Dios, construyendo una rivalidad disfrazada de devoción.
Cuando esta tensión crece y amenaza con romper al grupo, la comunidad busca una salida para restablecer la paz. Y la solución suele ser una víctima externa: el homosexual, el que hace preguntas incómodas, el pecador, etc. Incluso Jesús fue una víctima externa de la disputa entre los fariseos, los saduceos, los herodianos, el Imperio romano, los zelotes y otros grupos. Esto es lo que Girard llama el mecanismo del chivo expiatorio: el sacrificio de un inocente para liberar la tensión de las rivalidades.
Una forma de romper el ciclo de violencia colectiva es cambiar nuestro modelo e imitar a Jesús y su deseo. El modelo de Jesús significa no competir por tener más o por tener la razón. Es imitar un modelo libre de egoísmo, la generosidad desprendida de Dios que desea dar en lugar de poseer. Es el camino de la kénosis: el libre vaciamiento de uno mismo por amor, donde la plenitud no se alcanza acumulando más, sino entregándose al otro.
El conflicto, el odio y la indiferencia también se contagian por imitación a través de nuestras palabras, acciones y gestos. Cada vez que los transmitimos, cerramos una puerta hacia lo sagrado en la vida de alguien más.
Si nuestra interpretación de Dios y de la Biblia exige sacrificar el bienestar de las personas, o si necesitamos rechazar a quienes actúan de forma diferente, entonces no estamos hablando de Dios. Dejar a un lado nuestras interpretaciones e ideologías por amor a los demás es un acto de fidelidad a Dios. Es una invitación a soltar una identidad basada en la separación, las etiquetas y la superioridad.